El Cruzado se metía puertas adentro, para ponerse calzones y ceñirse el cinto del pistolón y el machete. Le sigue la coima:
--¡Pendejada que resultare fulero el anillo!
--¡Pendejada y media!
La chinita le muestra la mano, jugando las luces de la tumbaga:
--¡Buenos brillos tiene! Puedo llegarme a un empeñito para tener cercioro.
--Si corres uno solo pudieran engañarte.
--Correré varios. A ser de ley, no andará muy distante de valer cien pesos.
--Tú ve en la cuenta de que vale quinientos, o no vale tlaco.
--¿Te parés lo lleve mero mero?
-- ¿Y si te dan cambiazo?
--¡Que esperanza!