El Coronelito, sobre la puerta del jacal, atalayaba el Campo del Perulero.
--No te dilates, manís.
Ya salía el cholo, con el crío en brazos y la chinita al flanco. Suspira, esclava, la hembra:
--¿Cuándo será la vuelta?
--¡Pues, y quién sabe! Enciéndele una velita a la Guadalupe.
--¡Le encenderé dos!
--¡Está bueno!
Besó al crío, refregándole los bigotes, y lo puso en brazos de la madre.