Capítulo 98

Tirano Banderas — Ramón del Valle-Inclán · de Biblioteca CosmoStory

Capítulo 98 de 143 · 233 palabras

Nachito, suspirando, leía en el muro los grafitos carcelarios decorados con fálicos trofeos. Tras de Nachito, el taciturno estudiante liaba el cigarro: Tenía en los ojos una chispa burlona, y en la boca prieta, color de moras, un rictus de compasión altanera. Esparcidos y solitarios paseaban algunos presos. Se oía el hervidero de las olas, como si estuviesen socavando el cimiento. Las ortigas lozaneaban en los rincones sombríos, y en la azul transparencia aleteaba una bandada de zopilotes, pájaros negros. Nachito, finchándose en el pando compás de las zancas, miró con reproche al estudiante:

--Ese mutismo es impropio para dar ánimos al compañero, y hasta puede ser una falta de generosidad. ¿Cómo es su gracia, amigo?

--Marco Aurelio.

--¡Marquito, qué será de nosotros!

--¡Pues, y quién sabe!

--¡Esto impone! ¡Se oye el farollón de las olas!... Parece que estamos en un barco.

El Fuerte de Santa Mónica, castillote teatral con defensas del tiempo de los virreyes, erguíase sobre los arrecifes de la costa, frente al vasto mar ecuatorial, caliginoso, de ciclones y calmas. En la barbacana, algunos morteros antiguos, roídos de lepra por el salitre, se alineaban moteados con las camisas de los presos tendidas a secar: Un viejo, sentado sobre el cantil frente al mar inmenso, ponía remiendos a la frazada de su camastro. En el más erguido baluarte cazaba lagartijas un gato, y pelotones de soldados hacían ejercicios en Punta Serpiente.

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