Nachito y el estudiante traspasaron la poterna, entre la escolta de soldados. El Alcaide los acogió sin otro trámite que el parte verbal depuesto por un sargento, y enviado desde la cantina por el Mayor del Valle. Al cruzar la poterna, los dos esposados alzaron la cabeza para hundir una larga mirada en el azul remoto y luminoso del cielo. El Alcaide de Santa Mónica, Coronel Irineo Castañón, aparece en las relaciones de aquel tiempo como uno de los más crueles sicarios de la Tiranía: Era un viejo sanguinario y potroso que fumaba en cachimba y arrastraba una pata de palo. Con la bragueta desabrochada, jocoso y cruel, dio entrada a los dos prisioneros:
--¡Me felicito de recibir a una gente tan seleccionada!
Nachito acogió el sarcasmo con falsa risa de dientes y quiso explicarse:
--Se padece una ofuscación, mi Coronelito.
El Coronel Irineo Castañón vaciaba la cachimba golpeando sobre la pata de palo:
--A mí en eso ninguna cosa me va. Los procesos, si hay lugar, los instruye el Licenciadito Carballeda. Ahora, como aún se trata de una simple detención, van a tener por suyo todo el recinto murado.
Agradeció Nachito con otra sonrisa cumplimentera y acabó moqueando:
--¡Es un puro sonambulismo este fregado!
El Cabo de Vara, en el sombrizo de la puerta, hacía sonar la pretina de sus llaves: Era mulato, muy escueto, con automatismo de fantoche: Se cubría con un chafado kepis francés, llevaba pantalones colorados de uniforme, y guayabera rabona muy sudada: Los zapatos de charol, viejos y tilingos, traía picados en los juanetes. El Alcaide le advirtió jovial:
--Don Trini, a estos dos flautistas vea de suministrarles boleto de preferencia.
--No habrá queja. Si vienen provisorios se les dará luneta de muralla.
Don Trini, cumplida la fórmula del cacheo, condujo a los presos por un bovedizo con fusiles en armario: Al final, abrió una reja y los soltó entre murallas:
--Pueden pasearse a su gusto.
Nachito, siempre cumplimentero y servil, rasgó la boca:
--¡Muchísimas gracias, Don Trini!
Don Trini, con absoluta indiferencia, batió la reja, haciendo rechinar cerrojos y llaves: Gritó alejándose:
--Hay cantina, si algo desean y quieren pagarlo.