Capítulo 56

Tirano Banderas — Ramón del Valle-Inclán · de Biblioteca CosmoStory

Capítulo 56 de 143 · 250 palabras

Y por las recámaras del congal fulgura su charrasco el Mayor del Valle: Seguido de algunos soldados entra y sale, sonando las charras espuelas: A su vera jaleando el nalgario, con ahogo y ponderaciones, zapato bajo y una flor en la oreja, la madrota:

--¡Patroncito, soy gaditana y no miento! ¡Mi palabra es la del Rey de España! El Coronel Gandarita no hace un bostezo que dijo: ¡Me voy! ¡Visto y no visto! ¡Horitita! ¡Si no se tropezaron fue milagro! ¡Apenas llevaría tres pasos, cuando ya estaban en la puerta los soldados!

--¿No dijo adónde se caminaba?

--¡Iba muy trueno! Si algún bochinche no le tienta, buscará la cama.

El Mayor miró de través a la tía cherinola y llamó al sargento:

--Vas a registrar la casa. Cucarachita, si te descubro el contrabando te caen cien palos.

--Niño, no me encontrarás nada.

La madrota sonaba las llaves. El Mayor, contrariado, se mesaba la barba chivona, y en la espera, haciendo piernas entrose por la Sala de la Recámara Verde. El susto y el grito, la carrera furtiva, un rosario de léperos textos concertaban toda la vida del congal, en la luz cenicienta del alba. Lupita, taconeando, surgió en el arco de la verde recámara, un lunar nuevo en la mejilla: Por el pintado corazón de la boca, vertía el humo del cigarro:

--¡Abilio, estás de mi gusto!

--Me mandé mudar.

--Oye, ¿y tú piensas que se oculta aquí Domiciano? ¡Poco faltó para que le armases la ratonera! ¡Ahora, échale perros!

Esta obra es de dominio público

La publica la Biblioteca CosmoStory y se lee completa, sin cuenta. Con una cuenta gratuita puedes guardar tu avance, subrayar, comentar y preguntarle a la IA sobre lo que lees.

Crear cuenta o iniciar sesión