El Vate Larrañaga era un joven flaco, lampiño, macilento, guedeja romántica, chalina flotante, anillos en las manos enlutadas: Una expresión dulce y novicia, de alma apasionada: Se acercó con tímido saludo:
--Mero mero, inició los discursos el Licenciado Sánchez Ocaña.
Cortó el Director:
--¿Tiene usted las notas? Hágame el favor. Yo las veré y las mandaré a la imprenta. ¿Qué impresión en el público?
--En la masa, un gran efecto. Alguna protesta en la cazuela, pero se han impuesto los aplausos. El público es suyo.
Don Celes contemplaba las estrellas, humeando el veguero:
--¿Real y verdaderamente es un orador elocuente el Licenciado Sánchez Ocaña? En lo poco que le tengo tratado, me ha parecido una medianía.
El Vate sonrió tímidamente, esquivando su opinión. Don Nicolás Díaz del Rivero pasaba el fulgor de sus quevedos sobre las cuartillas. El Vate Larrañaga, encogido y silencioso, esperaba. El Director levantó la cabeza:
--Le falta a usted intención política. Nosotros no podemos decir que el público premió con una ovación la presencia del Licenciado Sánchez Ocaña. Puede usted escribir: Los aplausos oficiosos de algunos amigos no lograron ocultar el fracaso de tan difusa pieza oratoria, que tuvo de todo, menos de ciceroniana. Es una redacción de elemental formulario. ¡Cada día es usted menos periodista!
El Vate Larrañaga sonrió tímidamente:
--¡Y temía haberme excedido en la censura!
El Director repasaba las cuartillas:
--Tuvo lugar, es un galicismo.
Rectificó complaciente el Vate:
--Tuvo verificativo.
--No lo admite la Academia.
Traía el viento un apagado oleaje de clamores y aplausos. Lamentó Don Celes con hueca sonoridad:
--La plebe en todas partes se alucina con metáforas.
El Director-Propietario miró con gesto de reproche al sumiso noticiero:
--¿Pero esos aplausos? ¿Sabe usted quién está en el uso de la palabra?
--Posiblemente seguirá el Licenciado.
--¿Y usted, qué hace aquí? Vuélvase y ayude al compañero. Vatecito, oiga: Una idea que, si acertase a desenvolverla, le supondría un éxito periodístico: Haga la reseña como si se tratase de una función de circo, con loros amaestrados. Acentúe la soflama. Comience con la más cumplida felicitación a la Empresa de los Hermanos Harris.
Se infló Don Celes:
--¡Ya apareció el periodista de raza!
El Director declinó el elogio con arcano fruncimiento de cejas y labio: Continuó dirigiéndose al macilento Vatecito:
--¿Quién tiene de compañero?
--Fray Mocho.
--¡Que no se tome de bebida ese ganado!
El Vate Larrañaga se encogió, inhibiéndose con su apagada sonrisa:
--Hasta lueguito.
Tornaba el vuelo de los aplausos.