El Doctor Carlos Esparza, Ministro del Uruguay, oía con gesto burlón y mundano las confidencias de su caro colega el Doctor Aníbal Roncali, Ministro del Ecuador. Cenaban en el Círculo de Armas:
--Me ha creado una situación enojosa el Barón de Benicarlés. Digá vos, no más, que tengo muy brillantes ejecutorias de macho para temer murmuraciones, pero no dejan de ser molestas esas actitudes del Ministro de España. ¡Qué sonrisas! ¡Qué miradas, amigo!
--¡Che! Una pasión.
El Doctor Carlos Esparza, rubio, miope, elegante, se incrustaba en la órbita el monóculo de concha rubia. El Doctor Aníbal Roncali le miró entre quejoso y risueño:
--Vos estás de chirigota.
El Ministro del Uruguay se disculpó con un aspaviento burlón:
--Aníbal, te veo próximo a dejar la capa entre las manos del Barón de Benicarlés. ¡Y eso puede aparejar un conflicto diplomático, y hasta una reclamación de la Madre Patria!
El Ministro del Ecuador hizo un gesto de impaciencia, acentuado por el revuelo de los rizos:
--¡Sigue el choteo!
--¿Qué pensás vos hacer?
--No lo sé.
--¿Sin duda no aceptar el puesto de secretario para colaborar en la gran empresa que tan elocuentemente tenés vos expuesto esta noche?
--Indudablemente.
--¡Por una meticulosidad!...
--No jugués vos del vocablo.
--Sin juego. Repito que no te asiste razón suficiente para malograr una aproximación de tan lindas esperanzas. El águila y los aguiluchos que abren las juveniles alas para el heroico vuelo. ¡Has estado muy feliz! ¡Eres un gran lírico!
--No me veás vos chuela, Doctorcito.
--¡Lírico, sentimental, sensitivo, sensible, exclamaba el Cisne de Nicaragua! Por eso no logras vos separar la actuación diplomática y el flirt del Ministro de España.
--Hablemos en serio, Doctorcito. ¿Qué opinión te merece la iniciativa de Sir Jonnes?
--Es un primer avance.
--¿Y qué ulteriores consecuencias le asignás vos a la Nota?
--¡Qui lo sá! La Nota puede ser precursora de otras Notas... Ello depende de la actitud que adopte el Presidente. Sir Jonnes, tan cordial, tan evangélico, solo persigue una indemnización de veinte millones para la West Limited Company. Una vez más, el florido ramillete de los sentimientos humanitarios esconde un áspid.
--La Nota, indudablemente, es un sondeo. ¿Pero cómo opinas vos, respecto a la actitud del General? ¿Acordará el Gobierno satisfacer la indemnización?
--Nuestra América sigue siendo, desgraciadamente, una Colonia Europea... Pero el Gobierno de Santa Fe, en esta ocasión, posiblemente no se dejará coaccionar: Sabe que el ideario de los revolucionarios está en pugna con los monopolios de las Compañías. Tirano Banderas no morirá de cornada diplomática. Se unen para sostenerlo los egoísmos del criollaje, dueño de la tierra, y las finanzas extranjeras. El Gobierno, llegado el caso, podría negar las indemnizaciones, seguro de que los radicalismos revolucionarios, en ningún momento, merecerán el apoyo de las Cancillerías. Cierto que la emancipación del indio debemos enfocarla como un hecho fatal. No es cuerdo cerrar los ojos a esa realidad. Pero reconocer la fatalidad de un hecho, no apareja su inminencia. Fatal es la muerte, y toda nuestra vida se construye en un esfuerzo para alejarla. El Cuerpo Diplomático actúa razonablemente, defendiendo la existencia de los viejos organismos políticos que declinan. Nosotros somos las muletas de esos valetudinarios crónicos, valetudinarios como aquellos éticos antiguos, que no acababan de morirse.
La brisa ondulaba los estores y el azul telón de la marina se mostraba en un lejos de sombras profundas, encendido de opalinos faros y luces de masteleros.