Capítulo 129

Tirano Banderas — Ramón del Valle-Inclán · de Biblioteca CosmoStory

Capítulo 129 de 143 · 252 palabras

Don Roque, trotando por el camino, saludaba de lejos con el pañuelo. Niño Santos, asomado a la talanquera, respondía con la castora. Caballo y jinete ya iban ocultos por los altos maizales, y aun sobresalía el brazo con el blanco saludo del pañuelo:

--¡Chac! ¡Chac! ¡Una paloma!

La momia alargaba humorística el veneno de su mueca y miraba a la vieja rabona, que en los círculos del ruedo, entre el anafre del café y el metate de las tortillas, pasaba las cuentas del rosario, sobrecogida, estremecida en el terror de una noche sagrada. Se alzó a una seña del Tirano:

--Mi Generalito, los enredos del mundo meten al más santo en las calderas del Infierno.

--Mi vieja, vos tendrás que amputar la nariz de Cleopatra.

--Si con ello arreglase el mundo, ñata me quedaba esta noche mesma.

--Un zafarrancho de cuatro copas en vuestra mesilla, ha sacado una baza de Lucifer. ¡Vea, no más, a este filarmónico amigo en desgracia, acusado de traición! ¡Posiblemente le caerá sentencia de muerte!

--¿Y la culpa de mi tajamar?

--Ese problema se lo habrán de proponer los futuros historiadores. Licenciado Veguillas, despídase de la vieja rabona y otórguele su perdón: Manifieste su ánimo generoso: Revístase la clámide, y asombre a estos amigos que le ven chuela, con un gesto magnánimo.

--¡Juvenal y Quevedo!

La momia miró al gachupín con avinagrado sarcasmo:

--Ilustre Don Telesforo, usted ocasionará que me saquen alguna chufla. Ni Quevedo ni Juvenal: Santos Banderas: Una figura en el continente del Sur. ¡Chac! ¡Chac!

Esta obra es de dominio público

La publica la Biblioteca CosmoStory y se lee completa, sin cuenta. Con una cuenta gratuita puedes guardar tu avance, subrayar, comentar y preguntarle a la IA sobre lo que lees.

Crear cuenta o iniciar sesión