Chino Viejo acercó los caballos, y los ecos de la galopada rodaron por la nocturna campaña. Zacarías en el primer sofreno, al meterse por un vado, apareó su montura con la del Coronelito:
--¡Se chinga Banderitas! Tenemos un auxiliar muy grande. ¡Aquí va conmigo!
El Coronelito le miró, sospechándole borracho:
--¿Qué dices, manís?
--La reliquia de mi chamaco. Una carnicería que los chanchos me han dejado. Va en este alforjín.
El Coronel le tendió la mano:
---Me ocasiona un verdadero sentimiento, Zacarías. ¿Y cómo no has dado sepultura a esos restos?
--A su hora.
--No me parece bien.
--Esta reliquia nos sirve de salvoconducto.
--¡Es una creencia rutinaria!
--¡Mi jefecito, que lo cuente el chingado gachupín!
--¿Qué has hecho?
--Guindarlo. No pedía menos satisfacción esta carnicería de mi chamaco.
--Hay que darle sepultura.
--Cuando estemos a salvo.
--¡Y parecía muy vivo, el cabroncito!
--¡Cuanti menos, para su padre!
QUINTA PARTE
SANTA MÓNICA