Capítulo 7

Tirano Banderas — Ramón del Valle-Inclán · de Biblioteca CosmoStory

Capítulo 7 de 143 · 244 palabras

Venía por el vasto zaguán frailero una escolta de soldados con la bayoneta armada en los negros fusiles, y entre las filas un roto greñudo, con la cara dando sangre. Al frente, sobre el flanco derecho, fulminaba el charrasco del Mayor Abilio del Valle. El retinto garabato del bigote, dábale fiero resalte al arregaño lobatón de los dientes que sujetan el fiador del pavero con toquilla de plata:

--¡Alto!

Mirando a las ventanas del convento, formó la escuadra. Destacáronse dos caporales, que, a modo de pretinas, llevaban cruzadas sobre el pecho sendas pencas con argollones, y despojaron al reo del fementido sabanil que le cubría las carnes: Sumiso y adoctrinado, con la espalda corita al sol, entrose el cobrizo a un hoyo profundo de tres pies, como disponen las Ordenanzas de Castigos Militares. Los dos caporales apisonaron echando tierra, y quedó soterrado hasta los estremecidos ijares: El torso desnudo, la greña, las manos con fierros, salían fuera del hoyo colmados de negra expresión dramática: Metía el chivón de la barba en el pecho, con furbo atisbo a los caporales que se desceñían las pencas. Señaló el tambor un compás alterno y dio principio el castigo del chicote, clásico en los cuarteles:

--¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!

El greñudo, sin un gemido, se arqueaba sobre las manos esposadas, ocultos los hierros en la cavación del pecho: Le saltaban de los costados ramos de sangre, y sujetándose al ritmo del tambor, solfeaban los dos caporales:

--¡Siete! ¡Ocho! ¡Nueve!

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