El Coronelito relampagueaba el machete sobre las cabezas: La daifa, en camisa rosa, apretaba los ojos y aspaba los brazos: Veguillas era todo un temblor arrimado a la pared, en faldetas y con los calzones en la mano: El Coronelito se los arrancó:
--¡Me chingo en las bragas! ¿Cuál es mi sentencia?
Nachito se encogía con la nariz de alcuza en el ombligo:
--¡Hermano, no más me preguntes! Cada palabra es una bala... ¡Me estoy suicidando! La sentencia que tú no cumplas vendrá sobre mi cabeza.
--¿Cuál es mi sentencia? ¿Quién la ha dictado?
Desesperábase la manflota, de rodillas ante las luces de Ánimas:
--¡Ponte en salvo! ¡Si no lo haces, aquí mismo te prende el Mayorcito del Valle!
Nachito acabó de empavorizarse:
--¡Mujer infausta!
Se ovillaba cubriéndose hasta los pies con las faldetas de la camisa. El Coronelito le suspendió por los pelos: Veguillas, con la camisa sobre el ombligo, agitaba los brazos. Rugía el Coronelito:
--¿El Mayor del Valle tiene la orden de arrestarme? Responde.
Veguillas sacó la lengua:
--¡Me he suicidado!