Capítulo 51

Tirano Banderas — Ramón del Valle-Inclán · de Biblioteca CosmoStory

Capítulo 51 de 143 · 290 palabras

Nacho Veguillas también tenía el vino sentimental de boca babosa y ojos tiernos. Ahora, con la cabeza sobre el regazo de la daifa, canta su aria en la Recámara Verde:

--¡Dame tu amor, lirio caído en el fango!

Ensoñó la manflota:

--¡Canela! ¡Y decís vos que no sos romántico!

--¡Ángel puro de amor, que amor inspira! ¡Yo te sacaré del abismo y redimiré tu alma virginal! ¡Taracena! ¡Taracena!

--¡No armés escándalo, Nachito! Dejá vos al ama, que no está para tus fregados.

Y le ponía los anillos sobre la boca vinaria. Nachito se incorporó:

--¡Taracena! ¡Yo pago el débito de esta azucena, caída en el barro vil de tu comercio!

--¡Callá! ¡No faltés!

Nachito, llorona la alcuza de la nariz, se volvía a la niña del trato:

--¡Calma mi sed de ideal, ángel que tienes rotas las alas! ¡Posa tu mano en mi frente, que en un mar de lava ardiente mi cerebro siento arder!

--¿Cuándo fue que oí esas mismas músicas? ¡Nachito, aquí se dijeron esas mismas palabras!

Nachito se sintió celoso:

--¡Algún cabrón!

--O no se habrán dicho... Esta noche se me figura que ya pasó todo cuanto pasa. ¡Son las Benditas!... ¡Es ilusión esta de que todo pasó, antes de pasar!

--¡Yo te llamaba en mis solitarios sueños! ¡El imán de tu mirada penetra en mi! ¡Bésame, mujer!

--Nachito, no seás sonso y dejame rezar este toque de Ánimas.

--¡Bésame, Jarifa! ¡Bésame, impúdica, inocente! ¡Dame un ósculo casto y virginal! ¡Caminaba solo por el desierto de la vida, y se me aparece un oasis de amor, donde reposar la frente!

Nachito sollozaba, y la del trato, para consolarle, le dio un beso de folletín romántico, apretándole a la boca, el corazón de su boca pintada:

--¡Eres sonso!

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