Percibíase embullangado el guitarro, el canto y la zarabanda de risas, chapines y palmas con que jaleaban las del trato. Gritos, carrerillas y cierre de puertas. Acezo y pisadas en el corredor. Los artejos y la voz de la Taracena:
--¡El cerrojo! Horita vos va con una copla Domiciano. El cerrojo, si no lo tenéis corrido, que ya le entró la tema de escandalizar por las recámaras.
Siempre abismada en la fábula de sus manos, suspiró la romántica:
--¡Domiciano toma la vida como la vida se merece!
--¿Y el despertar?
--¡Ave María! ¿Esta misma plática no la tuvimos hace un instante? ¿Veguillas, cuándo fueron aquellos pronósticos tuyos, del mal fin que tendría el Coronelito de la Gándara?
Gritó Veguillas:
--¡Ese secreto jamás ha salido de mis labios!
--¡Ya me haces dudar! ¡Patillas tomó tu figura en aquel momento, Nachito!
--Lupita, no seas visionaria.
Venía por el corredor acreciéndose la bulla de copla y guitarra, soflamas y palmas. Cantaba el valedor un aire de los llaneros:
--Licenciadito Veguillas, saca del brazo a tu dama para beber una copa a la salud de las ánimas.
--¡Santísimo Dios! ¡Esta misma letra se ha cantado otra vez estando como ahora acostados en la cama!
Nacho Veguillas, entre humorístico y asustadizo, azotó las nalgas de la moza, con gran estallo:
--¡Lupita, que te pasas de romántica!
--¡No me pongas en confusión, Veguillas!
--Si me estás viendo chuela toda la noche.
Tornaba la copla y el rasgueo, a la puerta de la recámara. Oscilaba el altarete de luces y cruces. Susurró la del trato:
--Nacho Veguillas, ¿llevas buena relación con el Coronel Gandarita?
--¡Amigos entrañables!
--¿Por qué no le das aviso para que se ponga en salvo?
--¿Pues qué sabes tú?
--¿No hablamos antes?
--¡No!
--¡Lo juras, Nachito!
--¡Jurado!
--¿Que nada hablamos? ¡Pues lo habrás tenido en el pensamiento!
Nacho Veguillas, sacando los ojos a flor de la cara, saltó en el alfombrín con las dos manos sobre las vergüenzas:
--¡Lupita, tú tienes comercio con los espíritus!
--¡Calla!
--¡Responde!
--¡Me confundes! ¿Dices que nada hemos hablado del fin que le espera al Coronel de la Gándara?
Batían en la puerta, y otra vez renovábase la bulla, con el tema de copla y guitarro:
--Levántate, valedor, y vístete los calzones, para jugarnos la plata en los albures pelones.
Abriose la puerta de un puntapié, y rascando el guitarrillo que apoya en el vientre rotundo, apareció el Coronelito. Nacho Veguillas, con alegre transporte de botarate, saltó de cucas, remedando el cantar de la rana:
--¡Cua! ¡Cua!