Tirano Banderas, con paso de rata fisgona, seguido por los compadritos, abandonó el juego de la rana: Al cruzar el claustro, un grupo de uniformes que choteaba en el fondo, guardó repentino silencio. Al pasar, la momia escrutó el grupo, y con un movimiento de cabeza, llamó al Coronel-Licenciado López de Salamanca, Jefe de Policía:
--¿A qué hora está anunciado el acto de las Juventudes Democráticas?
--A las diez.
--¿En el Circo Harris?
--Eso rezan los carteles.
--¿Quién he solicitado el permiso para el mitin?
--Don Roque Cepeda.
--¿No se le han puesto obstáculos?
--Ninguno.
--¿Se han cumplimentado fielmente mis instrucciones?
--Tal creo...
--La propaganda de ideales políticos, siempre que se realice dentro de las leyes, es un derecho ciudadano y merece todos los respetos del Gobierno.
El Tirano torcía la boca con gesto maligno. El Jefe de Policía, Coronel-Licenciado López de Salamanca, atendía con burlón desenfado:
--Mi General, en caso de mitote, ¿habrá que suspender el acto?
--El Reglamento de Orden Público le evacuará cumplidamente cualquier duda.
El Coronel-Licenciado asintió con zumba gazmoña:
--Señor Presidente, la recta aplicación de las leyes será la norma de mi conducta.
--Y en todo caso, si usted procediese con exceso de celo, cosa siempre laudable, no le costará gran sacrificio presentar la renuncia del cargo. Sus servicios --al aceptarla-- sin duda que los tendría en consideración el Gobierno.
Recalcó el Coronel-Licenciado:
--¿El Señor Presidente no tiene otra cosa que mandarme?
--¿Ha proseguido las averiguaciones referentes al relajo y viciosas costumbres del Honorable Cuerpo Diplomático?
--Y hemos hecho algún descubrimiento sensacional.
--En el despacho de esta noche tendrá a bien enterarme.
El Coronel-Licenciado saludó:
--¡A la orden, mi General!
La momia indiana todavía le detuvo, exprimiendo su verde mueca:
--Mi política es el respeto a la ley. Que los gendarmes garantan el orden en Circo Harris. ¡Chac! ¡Chac! Las Juventudes Democráticas ejemplarizan esta noche practicando un ejercicio ciudadano.
Chanceó el Jefe de Policía:
--Ciudadano y acrobático.
El Tirano, ambiguo y solapado, plegó la boca con su mueca verde:
--¡Pues, y quién sabe!... ¡Chac! ¡Chac!