Antes del alba se vio cercado por las partidas revolucionarias y los batallones sublevados en los cuarteles de Santa Fe. Para estudiar la positura y maniobra de los asaltantes subió a la torre sin campanas: El enemigo, en difusas líneas, por los caminos crepusculares, descubría un buen orden militar: Aún no estrechaba el cerco, proveyendo a los aproches con paralelas y trincheras. Advertido del peligro, extremaba su mueca verde Tirano Banderas. Dos mujerucas raposas cavaban con las manos en torno del indio soterrado hasta los ijares en la campa del convento:
--¡Ya me dan por caído esas comadritas! ¿Qué haces vos, centinela pendejo?
El centinela apuntó despacio:
--Están mal puestas para enfilarlas.
--¡Ponle al cabrón una bala y que se repartan la cuera!
Disparó el centinela, y suscitose un tiroteo en toda la línea de avanzadas. Las dos mujerucas quedaron caídas en rebujo, a los flancos del indio, entre los humos de la pólvora, en el aterrorizado silencio que sobrevino tras la ráfaga de plomo. Y el indio, con un agujero en la cabeza, agita los brazos, despidiendo a las últimas estrellas. El Generalito:
--¡Chac! ¡Chac!