Capítulo 127

Tirano Banderas — Ramón del Valle-Inclán · de Biblioteca CosmoStory

Capítulo 127 de 143 · 386 palabras

Doña Lupita, achamizada, zalamera, servía en un rayo de sol el iris de los refrescos. Niño Santos, alternativamente, ponía los labios en el vidrio de limón y fisgaba a la comadreja, sartas de corales, mieles de esclava, sonrisa de Oriente:

--¡Chac! ¡Chac! Doña Lupita, me está pareciendo que tenés vos la nariz de la Reina Cleopatra. Por mero la cachiza de cuatro copas, un puro trastorno habéis vos traído a la República. Enredáis vos más que el honorable Cuerpo Diplomático. ¿Cuántas copas os había quebrado el Coronel de la Gándara? ¡Doña Lupita, por menos de un boliviano me lo habéis puesto en la bola revolucionaria! No hacía más la nariz de la Reina Faraona. Doña Lupita, la deuda de justicia que vos me habés reclamado ha sido una madeja de circunstancias fatales: Es causa primordial en la actuación rebelde del Coronel de la Gándara: Ha puesto en Santa Mónica al chamaco de Doña Rosa Pintado: Cucarachita la Taracena reclama contra la clausura de su lenocinio, y tenemos pendiente una nota del Ministro de Su Majestad Católica. ¡Pueden romperse las relaciones con la Madre Patria! ¡Y vos, mi vieja, ahí os estás, sin la menor conturbación por tantas catástrofes! Finalmente, cuatro copas de vuestra mesilla, un peso papel, menos que nada, me han puesto en el trance de renunciar a los conciertos batracios del Licenciadito Veguillas.

--¡Cua! ¡Cua!

Nachito, por congraciarse hostigaba la befa, mimando el canto y el compás saltarín de la rana. Con cuáqueros vinagres le apostrofó el Tirano:

--No haga el bufón, Señor Licenciado. Estos buenos amigos que van a juzgarle, no se dejarán influenciar por sus macanas: Espíritus cultivados, el que menos ha visto funcionar los Parlamentos de la Vieja Europa.

--¡Juvenal y Quevedo!

El ilustre gachupín se acariciaba las patillas de canela, rotunda la botarga, inflado el papo de aduladores énfasis. Se santiguaba la vieja rabona:

--¡Virgen de mi Nombre, la jugó Patillas!

--¡Pues hizo saque!

--¡De salir siempre tan enredada la madeja del mundo, no se libraba ni el más santo de verse en el Infierno!

--Una buena sentencia, Doña Lupita. ¿Pero su alma no siente el sobresalto de haber concitado el tumulto de tantas acciones, de tantos vitales relámpagos?

--¡Mi jefecito, no me asombre!

--Doña Lupita, ¿no temblás vos ante el problema de nuestras eternas responsabilidades?

--¡Entre mí estoy rezando!

Esta obra es de dominio público

La publica la Biblioteca CosmoStory y se lee completa, sin cuenta. Con una cuenta gratuita puedes guardar tu avance, subrayar, comentar y preguntarle a la IA sobre lo que lees.

Crear cuenta o iniciar sesión