Capítulo 116

Tirano Banderas — Ramón del Valle-Inclán · de Biblioteca CosmoStory

Capítulo 116 de 143 · 486 palabras

Sin anuncio del ayuda de cámara, entró, gambetero, Currito Mi-Alma. El niño andaluz se detuvo en la puerta, marcó un redoble de las uñas en el alón del cordobés, y con un papirote se lo puso terciado. En el mismo compás levantaba el veguero al modo de caña sanluqueña, entonado, ceceante, con el mejor estilo de la cátedra sevillana:

--¡Gachó! ¿Te has pintado para la Semana de Pasión? Merlín te ha puesto la propia jeta de un disciplinante.

Su Excelencia se volvió, dando la espalda al niño marchoso:

--¡Eres incorregible! Ayer, todo el día, sin dejarte ver el pelo.

--Formula una reclamación diplomática. Horita salgo del estaribel, que decimos los clásicos.

--Deja la guasa, Curro. Estoy sumamente irritado.

--La veri, Isabelita.

--¡Eres incorregible! Habrás dado algún escándalo.

--Ojerizas. He dormido en la delega, sobre un petate, y esto no es lo más malo: La poli se ha hecho cargo de mi administración y de toda la correspondencia.

El Ministro de España se incorporó en las almohadas y al faldero, suspendiéndole por las lanas del cuello, espatarró en la alfombra:

--¿Qué dices?

El Curro afligió la cara:

--¡Isabelita, un sinapismo para puesto en el rabo!

--¿Dónde tenías mis cartas?

--En una valija con siete candados mecánicos.

--¡Nos conocemos, Curro! Te vienes con ese infundio idiota para sacarme dinero.

--¡Que no es combina, Isabelita!

--Curro, tú te pasas de sinvergüenza.

--Isabelita, agradezco el requiebro, pero en esta corrida solo es empresa el Licenciado López de Salamanca.

--¡Currito, eres un canalla!

--¡Que me coja un toro y me mate!

--¡Esas cartas se queman! ¡Deben quemarse! ¡Es lo correcto!

--Pero siempre se guardan.

--¡Si anda en esto la mano del Presidente! ¡No quiero pensarlo! ¡Es una situación muy difícil y muy complicada!

--¿Me dirás que es la primera en que te ves?

--¡No me exasperes! En las circunstancias actuales puede costarme la pérdida de la carrera.

--¡Acude al quite!

--Estoy distanciado del Gobierno.

--Pues te arrimas al morlaco y lo pasas de muleta. ¡Mi alma, que no sabes tú hacer eso!

El representante de Su Majestad Católica echó los pies fuera de la cama, agarrándose la cabeza:

--¡Si trasciende a los periódicos se me crea una situación imposible! ¡Cuando menos su silencio me cuesta un riñón y mitad del otro!

--Dale changüí a Tirano Banderas.

El Ministro de España se levantó apretando los puños:

--¡No sé cómo no te araño!

--Una duda muy meritoria.

--¡Currito, eres un canalla! Todo esto son gaterías tuyas para sacarme dinero, y me estás atormentando.

--Isabelita, ¿ves estas cruces? Te hago juramento por lo más sagrado.

El Barón repitió, temoso:

--¡Eres un canalla!

--Deja esa alicantina. Te lo juro por el escapulario que mi madre, pobrecita, me puso al salir de la adorada España.

El Curro se había conmovido con un eco sentimental de copla andaluza. Su Excelencia apuntaba una llama irónica en el azulino horizonte de sus ojos huevones:

--Bueno, sírveme de azafata.

--¡Sinvergonzona!

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