
LA IDEA DE SER HOMBRE V17
de Brayan Riascos
1 capítulos · 1242 palabras
Sinopsis
Dos adultos se re encuentran en una sesión de terapia después de una relación de tortura durante los años de colegio. El paciente (la víctima) y el psicólogo (victimario), se ven obligados a recordar la escena de un abuso en el que ambos participaron y enfrentar las secuelas que este produjo en ellos muchos años después.
Primeras páginas
—¿Por qué nunca les dijo a sus padres que sufría acoso, Jendrix?
—¿Para qué? —replica el hombre subiendo la voz— ¿Para que fueran al colegio a reclamar y los bullies me la montaran más?
Tic… tac…, Tic… tac…, Tic… tac…
—Volvamos a lo del pene… ¿Por qué creía que un pene grande lo haría más hombre?
—Por… —exclama y guarda silencio enseguida.
— Tranquilo Jendrix, este es un espacio seguro.
—Por las conversaciones de los bullies —dice finalmente mientras mira una cicatriz en la mano del doctor—. Ellos siempre andaban hablando de cosas que hacían a los hombres, hombres.
—Cosas… ¿cómo cuáles?
—No sé, como que los hombres no lloran y eso.
—¿Eso?
—Sí, que los hombres son peludos, ¿sabe?, barba, pelo en pecho, espalda, la verga... Y que si alguien quiere tener pelo allá, debe echarse conchos de cervezas.
Las mejillas del doctor se hinchan, un resoplido escapa por su nariz.
—¿En serio? ¿Hiciste algo de eso?
—Sí… Patético, ¿no?, doc.
Tic… tac…, Tic… tac…, Tic… tac…
—¿Qué más decían los bullies sobre los hombres de verdad?
—Que fumaban —rasca su índice con la uña—, tomaban, jugaban fútbol…
—¿Fumaste?
Ambos se miran y el doctor se percata del martilleo del pie del hombre contra el piso.
—Quiero decir: ¿usted fumó, Jendrix?
El hombre niega con la cabeza. El sonido de un trueno interrumpe la conversación. El doctor salta sobre su silla. Guardan silencio.
—Los bullies también decían que los hombres de verdad botan leche, ¿se imagina?
El doctor traga saliva. El hombre continúa hablando.
—Jugué fútbol, cambié mi forma de hablar, de vestir y nada sirvió pa que me consideraran como uno de ellos: un hombre. Al final —titubea— solo me quedó hacer crecer mi pene y botar leche.
—...
—Fui a las salas de internet a buscar cómo lograrlo... Me eché cebo de vela derretido, gotas de limón.
La cara del doctor se comprime y, aunque pone la mano sobre su cara para ocultarla, no lo logra, el hombre lo nota.
—Lo peor es que nada de eso sirvió. Solo me quedó la paja terapia.
—¿Paja qué?
—Tirar paja.
—¡Ah!
—Buscando en internet encontré videos de hombres haciéndosela.
—¿Y le gustaron?
—Me encantaron —responde el hombre con una sonrisa, mientras transforma su mano en un puño.
—¿Y el pene le creció?
—No.
Tic.. tac.., Tic.. tac.., Tic.. tac..
—¿Por qué no les pidió ayuda a sus profesores, Jendrix?
—No servía de nada hacerlo —contesta y se pellizca el dedo.
—¿Por qué?
—En una clase, frente a todos, un profesor —se le entrecorta la voz— dijo que pensaba que yo era gay.
El doctor pone su mano en la pierna del hombre, quien al observar la cicatriz desdibuja su sonrisa. El doctor lo nota y esconde la mano bajo la libreta.
—Todos se burlaron, hicieron chistes, ¿los imagina, doc?... Cuando la clase terminó, fui al café internet, puse un video porno y…
—¿Se da cuenta que de ese trauma nace su adicción, Jendrix? —el doctor le corta el discurso con prisa.
Un trueno pone pausa a la conversación, el doctor brinca sobre su silla y el hombre, con cierta satisfacción, comenta:
—No se imagina la felicidad que sentía cada vez que llovía y debía faltar al colegio.
—…
—A veces tenía que recoger agua, a veces se inundaba el barrio, y los pocos días que llovía y sí iba, los bullies casi siempre faltaban… como usted, doc.
—¿Cómo yo qué? —pregunta exaltado.
—Me contó que no le gustaba ir al colegio los días de lluvia, ¿recuerda? —interroga el hombre con las uñas enterradas en su índice.
El doctor guarda silencio, oprime diez veces el botón del esfero, escribe.
—Jendrix, su caso es muy similar al de muchas víctimas de bullying.
—¿A qué se refiere, doctor?
—Ya sabe, conductas donde un chico es maltratado por otros chicos y se refugia en ciertas adicciones —vacila un poco—... como el porno, por ejemplo.
El hombre suelta una carcajada, recupera la compostura, sus ojos se enrojecen.
—Para salir de su adicción es necesario que deje de vivir en el pasado. Usted ya no es ese niño al que hacían bullying, Jendrix. Debe perdonar y seguir adelante.
Una mujer irrumpe en la habitación.
—Qué pena interrumpir, Doctor, es que el paciente de las tres ya llegó.
—Dígale que me espere unos minutos —indica y la mujer se retira—. Hemos avanzado mucho, ¿no cree? Cortemos la sesión aquí y seguimos la semana que viene.
Tic. tac., tic. tac., tic. tac.
—Un día estaba en el baño del colegio cuando entraron los bullies —narra el hombre con los ojos fijos sobre el doctor—. Eran cuatro. El que más me la montaba me pegó una nalgada. «Miren a quién tenemos aquí… al mariquita labios de chupona», dijo.
—Jendrix, eso lo conversamos en la siguiente sesión —indica el doctor, se pone de pie y deja la libreta con el esfero sobre el suelo—. Debo atender a mi otro paciente.
—Creo que su otro paciente puede esperar —afirma Jendrix dejando la silla, toma al doctor de las manos, y con una sonrisa, lo obliga a sentarse, levanta la libreta con la pluma y las pone sobre las piernas— ¡Anote! —le dice.
Tic tac, tic tac, tic tac
—Al que más me hacía bullying lo llamaré… ¿qué nombre le pongo, doc?... ¿Le gusta Elkin? —. El doctor respira hondo— Elkin será.
—...
—Como le decía, Elkin me pegó en las nalgas, se fue a los orinales y se bajó los pantalones… Tengo marcado el recuerdo de su mano yendo y viniendo.
El doctor intenta hablar, el hombre sigue su relato.
—Quise irme —narra y camina hasta la espalda del doctor, recuesta el mentón sobre su hombro—, pero sus secuaces me lo impidieron. Elkin vino a mí: «La mariquita no quiere ver. Digan: “¡ay!”», decía y todos se reían.
—¿Por qué no dijiste nada, Jendrix? Podías pedir ayuda.
—Se equivoca, doctor. Yo les grité: «Déjenme tranquilo, que yo soy un hombre». De verdad pensé que eso serviría.
—...
—Uno de ellos
Leíste las primeras 1000 palabras
Para seguir leyendo hay que tener una cuenta. Es gratis: guarda tu avance, comenta, califica y te deja preguntarle a la IA sobre lo que lees.
Crear cuenta o iniciar sesión