
La idea de ser hombre
de Brayan Riascos
1 capítulos · 1201 palabras
Primeras páginas
—¿Por qué nunca les dijo a sus padres que sufría acoso, Jendrix?
—¿Para qué? —replica el hombre subiendo la voz—. ¿Para que fueran al colegio a reclamar y me la montaran más?
…
—Volvamos a lo del pene… Me decía que creía que un pene grande lo volvería más hombre, ¿por qué?
—Por las conversaciones de los bullies —exhala el hombre concentrado en una cicatriz en la mano del doctor—. Ellos siempre andaban hablando de cosas que hacían a los hombres hombres…
—¿Cómo cuáles?
—No sé, como que los hombres no lloran y así.
—¿Así?
—Sí, como que los hombres eran peludos: pelo en pecho, en la verga, ya sabe. Y si alguien quería que le saliera pelo, debía echarse conchos de cervezas.
Las mejillas del doctor se hinchan y un resoplido escapa por su nariz.
—¿En serio, hiciste algo de eso?
—Sí… Patético, ¿no?, doct.
…
—¿Qué más decían los bullies sobre los hombres de verdad?
—Que fumaban, bebían, jugaban fútbol…
—¿Fumaste? —el doctor hace una pausa—. Perdón… ¿Usted fumó, Jendrix?
El hombre niega con la cabeza. De repente, el sonido de un trueno interrumpe la conversación. El doctor salta sobre su silla y el hombre se ríe; para callarlo, el doctor tose un par de veces, entonces el lugar queda en silencio.
—La cereza del pastel, de las cosas que los bullies decían, era que los hombres de verdad botaban leche. ¿Se imagina a un niño de 10 años intentando cumplir eso, doc?
El doctor traga saliva y baja la mirada, luego toma notas en su libreta, mientras el hombre sigue hablando.
—Jugué fútbol, cambié el tono de mi voz, bebí y nada de eso sirvió.
—¿Para qué?
—Para qué los bullies me consideraran un hombre como ellos y dejaran de molestarme.
—…
—Al final solo quedaba hacer crecer mi pene y aprender a botar leche.
Tic…, tac… Tic…, tac… Tic…, tac…
—Empecé a ir a las salas de internet a buscar cómo hacerlo. Me eché cebo de vela derretido en el glande, gotas de limón por el huequito ese.
El doctor comprime su rostro.
—Nada sirvió…, entonces siguió la paja terapia.
—¿Paja qué?
—Tirar paja.
—¡Ah!
—Buscando en internet encontré videos de hombres haciéndolo.
—¿Y le gustaron?
—Me excitaron.
Tic.. tac.., Tic.. tac.., Tic.. tac..
—¿Y el pene le creció?
—No —responde el hombre y una sonrisa se dibuja en sus labios, pero desaparece enseguida.
El doctor no le sostiene la mirada. Toma notas tembloroso.
—¿Por qué no les pidió ayuda a sus profesores?
—No serviría de nada hacerlo.
—¿Por qué?
—Un día, durante una clase, un profesor me dijo que pensaba que yo era gay.
El doctor deja de tomar nota y pone su mano sobre la pierna de Jendrix.
—Todos me miraron, se reían, me destrozaban con sus comentarios.
—…
—Cuando la clase terminó, fui al café internet, puse un video porno y…
Tic. tac., Tic. tac., Tic. tac.
—¿Te das cuenta de que de ahí nace tu adicción?
Jendrix guarda silencio y se concentra nuevamente en la cicatriz de la mano del doctor, este lo nota, se cubre con la libreta. Ambos hombres se miran a los ojos. Un trueno hace brincar al doctor, y Jendrix, con cierta satisfacción, comenta:
—No se imagina la felicidad que sentía cada vez que llovía y tenía que ir al colegio… A veces tenía que quedarme en casa recogiendo agua o se inundaban las calles. Los pocos días que sí iba al colegio, los bullies solían faltar… Así como usted, doc.
—¿Así como yo qué? —consulta exaltado el doctor.
—¿No recuerda que me contó que no le gustaba ir al colegio los días de lluvia?
Tic. tac., Tic. tac., Tic. tac.
—Jendrix, me doy cuenta de que su caso es similar al de muchas de las víctimas de bullying —comenta el doctor esquivándole la mirada.
—¿A qué se refiere, doctor?
—Ya sabe, conductas donde un individuo es maltratado por otros chicos… Y termina refugiándose en ciertos vicios.
—…
—Para superar su adicción es necesario que deje de vivir en el pasado. Usted ya no es ese niño de 10 años, Jendrix. Perdone, olvide y siga adelante.
—¿Qué?...
En ese momento una mujer irrumpe dentro del consultorio.
—Doctor, el paciente de las tres llegó.
—Dígale que me espere unos minutos, Andrea —el doctor espera que la mujer salga—. Hemos avanzado mucho, ¿no cree?
…
—Un día estaba en el baño cuando entraron los bullies —dice el hombre mirando al doctor—. Eran cuatro. El que más me la montaba me pegó una nalgada. «Miren a quién tenemos aquí… al mariquita labios de chupona», dijo.
—Jendrix, todo eso lo conversamos en la siguiente sesión —indica el doctor; se pone de pie y deja la libreta y el esfero sobre el suelo—. Mi otro paciente ya llegó.
—Creo que su otro paciente puede esperar —exclama el hombre y, agarrando al doctor de las manos, lo sienta, le da la pluma y la libreta y le dice—: ¡Anote!
Tic tac, tic tac, tic tac.
—Al que más me hacía bullying lo llamaré… ¿qué nombre le pongo, doc?
—…
—¿Le parece Elkin?
—…
—Elkin será.
—…
—Luego de pegarme en las nalgas, Elkin se fue a los orinales, se bajó los pantalones y empezó a jalársela.
—…
—Quise irme, pero sus secuaces me lo impidieron —dice el hombre mientras se ubica detrás del doctor. Una vez ahí, coloca su mentón sobre el hombro de este.
Tic tac, tic tac, tic tac.
—Quise irme,pero ellos me sujetaron, mientras Elkin caminaba hacia mí, riéndose. «La mariquita no quiere ver. Digan: “¡ay!”», dijo, y su grupito le siguió el juego.
—¿Por qué no dijiste nada? Podías pedir ayuda.
—Se equivoca, doctor. Les dije: «Déjenme tranquilo, que yo soy un hombre», porque pensé que serviría de algo, ¿y sabe qué pasó?
—…
—Carcajadas, chistes.
—…
—Uno me bajó los pantalones —dice el hombre acercando su rostro al del doctor.
—¿Cuál? —interroga el doctor y gira su rostro.
—¿Importa?
—…
—No pude contener las lágrimas, y Elkin solo se
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