
Clemencia — Ignacio Manuel Altamirano
de Biblioteca CosmoStory
38 capítulos · 51.685 palabras
Sinopsis
Una noche de invierno, un médico retiene a sus invitados con una historia de cuando los franceses avanzaban sobre Guadalajara. Había allí dos oficiales: uno apuesto y celebrado por toda la ciudad, otro callado y feo al que nadie miraba dos veces. Las mujeres eligieron rápido, y Clemencia también. Lo que ninguna sabía es cuál de los dos iba a tener en la mano la vida del otro. Ignacio Manuel Altamirano (México). Obra en dominio público: el texto es el original en español, publicado íntegro y sin alterar por la Biblioteca CosmoStory. Transcripción procedente de Wikisource.
Primeras páginas
Una noche de diciembre, mientras que el viento penetrante del invierno, acompañado de una lluvia menuda y glacial, ahuyentaba de las calles a los paseantes; varios amigos del doctor L. tomábamos el té, cómodamente abrigados en una pieza confortable de su linda aunque modesta casa. Cuando nos levantamos de la mesa, el doctor, después de ir a asomarse a una de las ventanas, que se apresuró a cerrar en seguida, vino a decirnos:
- Caballeros, sigue lloviendo, y creo que cae nieve; sería una atrocidad que ustedes salieran con este tiempo endiablado, si es que desean partir. Me parece que harían ustedes mejor en permanecer aquí un rato más; lo pasaremos entretenidos charlando, que para eso son las noches de invierno. Vendrán ustedes a mi gabinete, que es al mismo tiempo mi salón, y verán buenos libros y algunos objetos de arte.
Consentimos de buen grado y seguimos al doctor a su gabinete. Es éste una pieza amplia y elegante, en donde pensábamos encontrarnos uno o dos de esos espantosos esqueletos que forman el más rico adorno del estudio de un médico; pero con sumo placer notamos la ausencia de tan lúgubres huéspedes, no viendo allí más que preciosos estantes de madera de rosa, de una forma moderna y enteramente sencilla, que estaban llenos de libros ricamente encuadernados, y que tapizaban, por decirlo así, las paredes.
Arriba de los estantes, porque apenas tendrían dos varas y media de altura, y en los huecos que dejaban, había colgados grabados bellísimos y raros, así como retratos de familia. Sobre las mesas se veían algunos libros, más exquisitos todavía por su edición y encuadernación.
El doctor L. ..., que es un guapo joven de treinta años y soltero, ha servido en el Cuerpo Médico-militar y ha adquirido algún crédito en su profesión; pero sus estudios especiales no le han quitado su apasionada propensión a la bella literatura. Es un literato instruido y amable, un hombre de mundo, algo desencantado de la vida, pero lleno de sentimiento y de nobles y elevadas ideas.
No gusta de escribir, pero estimula a sus amigos, les aconseja y, de ser rico, bien sabemos nosotros que la juventud contaría con un Mecenas, nosotros con un poderoso auxiliar y, sobre todo, los desgraciados con un padre, porque el doctor desempeña su santa misión como un filántropo, como un sacerdote. Eso más que todo nos ha hecho quererle y buscar su amistad como un tesoro inapreciable.
Pero, dejando aparte la enumeración de sus cualidades que, lo confesamos, no importa gran cosa para entender esta humilde leyenda, y que sólo hacemos aquí como un justo elogio a tan excelente sujeto, continuaremos la narración.
El doctor pidió a su criado una ponchera y lo necesario para prepararnos un ponche que, en noche semejante, necesitábamos grandemente, y mientras que el se ocupaba en hacer la mezcla del kirchwasser con el té y el jarabe, y en remover los pedazos de limón entre las llamas azuladas, nosotros examinábamos, ora un cuadro, ora un libro, o repasábamos los mil retratos que tenía coleccionados en media docena de álbumes de diferentes tamaños y formas.
Nosotros, con una lampara en la mano, pasábamos revista a los grabados que había en las paredes, cuando de repente descubrimos en un cuadro pequeño, con marco negro y finamente tallado, que no contenía más que un papel a manera de carta. Era en efecto, un papel blanco con algunos renglones que procuramos descifrar. La letra era pequeña, elegante y parecía de mujer. Con auxilio de la luz vimos que estos renglones decían:
HOFFMANN
HOFFMANN
- Doctor -le dijimos- ¿será indiscreto preguntar a usted qué significa este papel con las citas de los cuentos de Hoffmann?
- Ah, amigo mío ¿ya descubrió usted eso?
- Acabo de leerlo, y me llama la atención.
- Pues no hay indiscreción en la pregunta. Cuando mas, es dolorosa para mí, pero no es ni imprudente ni imposible de contestar. Ese papel tiene una historia de amor y desgracia, y, si ustedes gustan, la referiré mientras que saborean mi famoso ponche. He aquí, caballeros, mi famoso ponche de girsch, que los pondrá a ustedes blindados, no sólo contra el miserable frío de México, sino contra el de Rusia.
- Sí, doctor, la historia; venga la historia con el ponche.
El doctor sirvió a cada uno su respetable dosis de la caliente y sabrosa mixtura, gustó con voluptuosidad los primeros tragos de su copa y, viéndonos atentos e impacientes, comenzó su narración.
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Esta obra es de dominio público y la publica la Biblioteca CosmoStory.
- Capítulo 1 · Capítulo I
- Capítulo 2 · Capítulo II
- Capítulo 3 · Capítulo III
- Capítulo 4 · Capítulo IV
- Capítulo 5 · Capítulo V
- Capítulo 6 · Capítulo VI
- Capítulo 7 · Capítulo VII
- Capítulo 8 · Capítulo VIII
- Capítulo 9 · Capítulo IX
- Capítulo 10 · Capítulo X
- Capítulo 11 · Capítulo XI
- Capítulo 12 · Capítulo XII
- Capítulo 13 · Capítulo XIII
- Capítulo 14 · Capítulo XIV
- Capítulo 15 · Capítulo XV
- Capítulo 16 · Capítulo XVI
- Capítulo 17 · Capítulo XVII
- Capítulo 18 · Capítulo XVIII
- Capítulo 19 · Capítulo XIX
- Capítulo 20 · Capítulo XX
- Capítulo 21 · Capítulo XXI
- Capítulo 22 · Capítulo XXII
- Capítulo 23 · Capítulo XXIII
- Capítulo 24 · Capítulo XXIV
- Capítulo 25 · Capítulo XXV
- Capítulo 26 · Capítulo XXVI
- Capítulo 27 · Capítulo XXVII
- Capítulo 28 · Capítulo XXVIII
- Capítulo 29 · Capítulo XXIX
- Capítulo 30 · Capítulo XXX
- Capítulo 31 · Capítulo XXXI
- Capítulo 32 · Capítulo XXXII
- Capítulo 33 · Capítulo XXXIII
- Capítulo 34 · Capítulo XXXIV
- Capítulo 35 · Capítulo XXXV
- Capítulo 36 · Capítulo XXXVI
- Capítulo 37 · Capítulo XXXVII
- Capítulo 38 · Epílogo
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