
¿Dónde está Dios?
de Brayan Riascos
1 capítulos · 2562 palabras
Sinopsis
En un conjunto residencial de Antioquia, la familia de Adan y Eva intenta proteger a su pequeña Becky, una niña de salud frágil, mientras una pandemia desconocida, el virus "Alananíya", avanza sin control y obliga al país a una cuarentena. La Dra. Teresa, madrina de Becky y salvadora de la familia en más de una ocasión, comienza a ser señalada y rechazada por los vecinos debido a su trabajo en el hospital. Entre el miedo, la fe y la desconfianza, Becky hace una pregunta que resuena en toda la comunidad: ¿dónde está Dios en medio de la crisis? Una historia sobre el amor familiar, la solidaridad y la fe puestas a prueba frente al pánico colectivo.
Primeras páginas
¿Dónde se encuentra Dios?
En la entrada del conjunto Reciprocidad, la Dra. Teresa y Adan se encontraron. Él de llegada, ella de salida. Cordiales, a pesar de los muchos años que llevaban de conocerse, ambos se sonrieron y estrecharon sus manos.
—Nuevamente nos ha salvado —dijo Adan—. Estamos en deuda con usted, Dra.
—Solo hice mi trabajo, don Adan —respondió ella, mientras salía por la puerta —. Por cierto, ¿cómo sigue mi ahijada?
—El especialista nos dijo que aún tiene las defensas bajas y debemos evitar exponerla a cualquier bacteria para no empeorar su estado.
—Bueno. Hay que hacerle caso al especialista para que la niña se recupere, ¿verdad?
—Eso ni lo dude, Dra., después del milagro de su nacimiento, estoy dispuesto a hacer lo que sea para protegerla… ¿cómo va la crisis en el hospital?
—Bien, dentro de lo que aplica, Don Adan —avisó Teresa y se despidió enseguida.
Adan ingresó al conjunto y se dirigió hacía su departamento. Se quejó en el camino de lo lejos que este quedaba de la entrada: sesión 6, torre 6, apartamento 6. El conjunto era una micro ciudadela para él. Cuando ingresó a su hogar, le contó a Eva, su esposa, sobre el agradable encuentro que había tenido con la dra.
—¿Y te dijo cómo va la situación con lo del virus? —Le preguntó Eva.
—No me dijo mucho, la verdad... Me dio a entender que todo esta bien, pero no sé… No le creo.
—Pobre, le debe estar tocando duro.
El matrimonio le tenía mucho aprecio a la doctora. Gracias a la ayuda económica de la mujer, ellos pudieron escapar de la violencia de la vereda en la que vivían. Cuando el parto de Becky, tomó por sorpresa a Eva en el apartamento dos meses antes de lo previsto, la Dra. fue quién la trajo al mundo. Además, también fue la dra. quien notó, hace un par de semana atrás, que su ahijada, ahora de seis años, tenía una respiración irregular y recomendó llevarla con un especialista quién le diagnosticó una afección cardiaca, gracias a eso, pudieron tratarla a tiempo. Para la pareja, Teresa hacía honor a su nombre, era una santa.
Esa noche, después de la cena, Eva hablaba por celular con sus padres, Becky estudiaba fastidiada la tabla del 6, y Adan veía la misa nocturna y seguía los versículos bíblicos, cuando de repente le habló su esposa.
—Cambiale al 6.
—¿Qué? ¿por qué?
—Cambiale Adan.
Al cambiar el canal de televisión, lo primero que vieron fue a una presentadora de noticias en primer plano.
—Súbele.
«Ya son 16000 los casos registrados del virus arabe “Alananíya” en Colombia. Hasta el momento 3600 de ellos han sido diagnosticados aquí en la región de antioquia, de los cuales van 66 víctimas fatales. El presidente se pronunció y uniéndose a las medidas ejercidas por la mayoría de gobernantes a nivel mundial, ha decidido declarar cuarentena nacional durante los siguientes 60 días para evitar la propagación del virus. La cuarentena inicia a partir del 6 de junio. Por lo que se le recomienda a los ciudadanos aprovechar el día de mañana para abastecerse con provisiones»
En ese momento Becky empezó a toser, Adan y Eva apartaron la mirada de sus televisores y se miraron el uno al otro, mientras que la mujer en el televisor seguía hablando.
«¿Cómo puede saber si está contagiado de Alananíya? Lo sabrá si reconoce alguno de los siguientes síntomas: Dificultad para escuchar, fiebre alta, tos con sangre, diarrea, algunos afirman tener incapacidad para reconocer a otros, apatía, dolores de cabezas, comezón, incluso hay pacientes que indicaron haber desarrollado una necesidad de recibir atención constante. Por favor, tengan cuidado y si llega a sospechar que está contagiado, procure quedarse en un lugar aislado o dirigirse a su hospital más cercano».
La mañana siguiente, cuando Adan despertó, notó que Eva no estaba a su lado. De hecho, la parte de la cama en la que ella dormía estaba fría. Al salir a la sala, la encontró arrodillada, frente al TV encendido en el canal de noticias, orando. Escuchó su plegaria. Eva pedía por la salud de su hija.
Horas más tarde, Eva salió de la casa. Iba a comprar provisiones para la cuarentena, mientras que Adan cuidaba a Becky. En la entrada del conjunto se encontró con Teresa. Eva iba a abrazarla, pero se detuvo cuando vio a dos vecinos salir rodeando a la doctora con cierta precaución. Teresa saludo a los vecinos, ellos no respondieron y una sonrisa de extrañeza, como entendiendo lo que sucedía y a la vez no, sin quererlo creer, se dibujó en sus labios.
—En las noticias dijeron que hay 660 contagiados nuevos en la región y 6 muertos —entabló Eva la conversación.
Teresa guardó silencio.
—¿Usted cree que la cuarentena se va a extender?
—No lo sé, Eva —respondió Teresa—. Solo le puedo decir que tengan todas las precauciones posibles en casa. Tapabocas, guantes, alcohol. Lavarse al salir y regresar a casa. Y ya que usted cree en Dios, encomiéndeme con él.
Eva sonrió, le dio la mano a la doctora con reservas y siguió su camino. Mientras que la doctora siguió hacia su apartamento. Vivía en la misma torre que Eva, en el 606. Se dio una ducha, fritó un par de huevos y se los comió con pan tostado y se fue a dormir después. Teresa despertó a las 4:36 PM, con el tiempo justo para arreglarse e ir a iniciar su turno en el hospital. Cuando salía del edificio, se encontró con Adan quien regresaba de trabajar. No conversaron como de costumbre dado que ella iba de afán. Al llegar a casa Adan le contó el hecho a su esposa.
—Creí que a la doctora le tocaba descansar hoy —comentó Eva.
—¿por qué?
—Tu sabes que ella siempre llega de sus turnos nocturnos tipo 6 AM.
—Sí.
—Bueno, cuando fui a comprar las provisiones, ella apenas venía llegando. Se notaba que estaba cansada.
En ese momento, el matrimonio se quedó en
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